Es sabido que la noticia de la Revolución de Mayo de 1810 llegó a Tucumán el 11 de junio. También, que la trató el Cabildo y resolvió dirigirse a don Nicolás Severo de Isasmendi, gobernador intendente de Salta (de cuya jurisdicción dependía Tucumán), en consulta sobre lo que se debía hacerse. Y que Isasmendi contestó que Salta había resuelto adherirse a la postura de Buenos Aires, por lo que aconsejaba que Tucumán hiciera lo mismo.
Así ocurrió. Pero el historiador Ricardo Jaimes Freyre hace notar que las cosas no fueron tan sencillas. Recuerda, en ese sentido, la exposición que don Salvador Alberdi (el padre de Juan Bautista), hizo ante el Congreso de Tucumán, recordando aquellos días de 1810.
Afirmaba Alberdi que, en el “Cabildo Abierto” que se efectuó para considerar el asunto, él votó por la unidad con Buenos Aires en el trance. Lo hizo después de que había sufragado más de la mitad de los miembros, a quienes “no gustaba semejante unión”.
Alberdi los hizo ver “que la situación deplorable de la Península, y el riesgo de que este continente fuese presa de alguna nación extraña, demandaba imperiosamente la unión de esta ciudad con la capital”. Era necesario, les dijo, “hacer causa común, para conservar tan apetecido país dependiendo de sí mismo”.
Recordaba que esa opinión fue seguida “por el resto de los votantes; y revocando la que habían prestado los anteriores, abrazaron ésta y sufragaron con todos los demás; de manera que no hubo votación más completamente decidida que la de Tucumán”.